Por supeusto, las cosas no eran tan fáciles como se veían. La salida ya era muy difícil, pero la entrada era punto menos que imposible.
Llegaron de noche. Eran las tres de la mañana. Si en el puente los esperaban, se llevaron un chasco. Llegaron por agua. Las calmadas aguas de la bahía estaban infestadas de minas y el fondo estaba lleno de escombros; ningún barco hubiera podido pasar por ahí. Pero ellos no llegaron por barco. Apenas tocar la orilla se quitaron los trajes de natación. La marea se llevaría las pruebas de su llegada. No llevaban nada más que lo puesto, y no era mucho. En la oscuridad se adentraron en la ciudad.
–Angus McGee –dijo Jack. No era una pregunta. Estaba fumando un cigarro apoyado en una pared. Llevaba quince minutos esperándolos.
–Jack. Mucho tiempo. Te presento a Gabs.
–Esperaba a Angelica McGee.
–Si hemos de ser compañeros por un mes, llámeme Gabrielle, o Gabs. Odio que me llamen Angie y mucho más que me llamen Angelica. Ni siquiera son mis nombres.
–Sea. Vámonos. La ciudad no está mucho tiempo dormida.
–Mi bolsa de dormir era más grande que ésta pocilga –dijo Gabs.
–Podría ser peor –dijo Jack–. En el norte las, digamos, habitaciones son simples conejeras. No nos quejamos. Después de todo no pagamos renta y cubren nuestras necesidades de alimento y vestido.
–Como estar en el frente.
–Casi. Aquí no hay balas. El peligro siempre está. No puedes tener a tanta gente encerrada sin esperar problemas, pero el hecho de que no pueden entrar ármas de fuego facilita mucho las cosas. La mayor parte de la gente es tranquila, y los criminales se han matado entre ellos. Los militares se han dedicado a mantener el orden siempre que pueden, pero nadie confía en ellos. Somos espías, no policías. Pero nada impide que de vez en cuando patrullemos.
Un grito desgarró el silencio. Jack saltó por la ventana, Angus titubeó pero lo siguió. Gabs se quedó sin moverse. En menos tiempo del que toma parpadear Jack ya había noqueado a los dos hombres que trataban de violar a la mujer, un par de cuadras más allá.
–¿Qué demonios fue eso?
–Aprenderás a responder, no te preocupes. Dos menos. Vámonos, antes de que lleguen los militares.
El calor del mediodía era sofocante. Gabs estaba sobre el camastro, Angus en la ventana.
–Creo que ésto fue un error –dijo Gabs.
–Yo no lo creo. Esto es lo que necesitamos para volver a nuestro nivel. Será un buen entrenamiento.
–Entrenamiento para tí. Yo tengo que volver a aprender todo.
–Te moviste muy bien en el agua.
–Debía hacerlo a baja velocidad. ¿Qué esperabas? Es todo lo que puedo hacer bien. Ni siquiera pude seguirlos.
–Tendrás que afinar tu cuerpo otra vez.
–No quiero tener que afinar éste cuerpo.
–No lo harás por tí solamente.
–No me gusta la idea.
–No tienes opción.
–Tuve una opción y decidí no tomarla. Creo que fue lo correcto. Pero eso no significa que me guste.
–Ellos te deben tanto como les debes tú.
–Y por alguna razón, las dos deudas no se cancelan mutuamente.
Continuará.