–No te entiendo…
–Sí. Me ves como una mujer, pero no lo soy. Soy un hombre.
La niña se limitó a ver a Gabs a los ojos y a inclinar la cabeza inquisitivamente. Luego dijo, con la voz cargada de ironía:
–Sí, claro…
escribiendo sólo por el gusto de escribir