Alcachofa (3-2)

Posted by Lord Eggs
Ago 17 2009

Angus aún temblaba, pero se sobrepuso a la impresión. Miró sus manos: las palmas sangraban, de tan fuerte que había apretado los puños y encajado las uñas. Pero lo que él estaba pasando no era nada comparado con lo que debía de pasar Gabs. Corrió hacia ahí. Una pared de fuego se levantaba de las aguas.

Su último recuerdo de ese día fue acercarse a las aguas negras y de pronto, todo se puso rojo. El helicóptero había sufrido daños enormes pero los rotores, por una casualidad tan improbable que rayaba en lo imposible, habían sobrevivido sin un rasguño. No pudo decirse lo mismo de sus compañeros. Las balas habían perforado a Thompson, que aún permanecía sostenido de la ametralladora de estribor. En la ametralladora de babor estaba Streaker, y se veía muy mal herido. Gabriel mismo tenía heridas en los brazos y las piernas. Thompson respiraba cada vez más rápido y lanzó un grito desgarrador mientras disparaba por última vez su ametralladora, abatiendo a los dos cazas más cercanos. Miró al acorazado al que se acercaban y sonrió para sí mismo. Soltó la ametralladora y cayó muerto hacia las aguas rojizas.

Streaker se levantó como pudo. Sin Thompson a bordo eran un blanco indefenso. Miró la bomba N2, estaba perforada. No había tiempo de efectuar la maniobra para lanzar la bomba: la trampa estaba atorada con varios trozos de metralla. Activó la bomba y se dejó caer. Si ganaban, sería una victoria pírrica. Por alguna razón pensó en los espartanos. Se dejó caer.

Gabriel sabía lo que pasaba. Estaba perdiendo el control del helicóptero. Se dirigió al puente de mando del acorazado y se preparó para morir. Las torretas antiaéreas no podían alcanzarlo: estaba en el punto ciego entre dos de ellas, la tercera había desaparecido gracias al avión que se estrelló en ella. Nunca se preguntó quié fue el último piloto, no alcanzó a ver si alcanzó a eyectarse. En cualquier caso su suerte sería mucho mejor que la del helicóptero y sus tripulantes.

Cien metros. Streaker estaba junto a Gabriel, tomándolo por sorpresa. Cortó el cinturón de seguridad de un balazo y lo lanzó de una patada hacia las aguas. Un par de segundos después el helicóptero se estrelló. La mina N2 se activó al impacto. El último recuerdo de Gabriel antes de caer fue la explosión anaranjada, y después, nada.

Despertó, o creyó despertar, en la playa. No sentía nada. Ni siquiera dolor. No podía ver nada. No podía oler nada. No podía escuchar nada. No podía moverse. Debo estar muerto, pensó. Morí y estoy en el limbo. Pero no puedo estar muerto si aún pienso.

No lo estaba. Su siguiente recuerdo fue una inmensa sensación de dolor, pero se sobrepuso. Había pasado más que eso y no iba a dejarse vencer por tan poco. Estoy muerto y fui al infierno. Bien, pensó, que se cuiden, porque si estaré aquí una eternidad voy a terminar venciéndolos.

Su siguiente recuerdo fue una sensación placentera por todo el cuerpo. Se sentía bien. Era como estar en un hidromasaje, claído, sensual. Se sentía bien. Se dejó llevar por la sensación, sentía que se había ganado el descanso. Esto, pensó, sí debe ser el infierno. Esta sensación es demasiado placentera y por eso mismo se volvería aburrida en poco tiempo.

Abrió los ojos. Se sentía diferente. Veía un líquido que se movía en la superficie. Estaba debajo de ella. Qué color sería, no estaba seguro. No podía saborear nada ni oler nada. O sí: un ojor a sangre. Pero era transparente. Un sabor a sangre. Pero era insípido. Líquido perfluorado, tal vez. No, perfluorocarbonado. Sï, eso es. Necesito saber dónde estoy. Hay que joderse, esto es un tanque y estoy respirando un líquido perfluorocarbonado lleno de nutrientes.

Pero Gabriel ya no era Gabriel. Ya no quedaba mucho de Gabriel en primer lugar. Ahora algo más –alguien más– ocupaba su lugar.

Cuando salió a respirar aire por primera vez desde la explosión, supo que algo no estaba bien. Cuando vio a Angus sin sus características arrugas, supo que algo estaba definitivamente mal. Cuando se vio por primera vez en el espejo. no supo qué decir o hacer. Aún no había asimilado la guerra y su cerebro ya debía enfrentarse a que en el espejo había alguien que no era Gabriel, pero sí lo era.

Los experimentos de regeneración habían sido exitosos. Angus había pasado de ser un hombre de cuarenta años a un joven de unos veintitantos. Su piel había sido regenerada. Pero Gabriel había perdido casi el 60 por ciento de su cuerpo, y si había sobrevivido fue por una broma pesada del destino. Y en su regeneración habían cometido un error. Un error de software. Quiso golpear al responsable, pero aún estaba muy débil. Y nunca más podría ser tan fuerte como antes, pensó, antes de dejarse caer en la cama.

Entonces aún no lo sabía, pero en la habitación de al lado descansaba su futuro.

Gabs y Angus recurrieron a las técnicas de relajación que les habían enseñado durante su recuperación. la calma poco a poco le devolvía la claridad a sus mentes. No habría sobrevivientes aunque lograran llegar a donde se encontraba el fuego, pero sí podrían utilizar la distracción para organizar a la población. Si era necesario algo para poder romper el status quo, el accidente, trágico, representaría la libertad de los habitantes.

Gabs llamó a varios civiles. Angus llamó a los militares.

Había que empezar.

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