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	<title>Lord Eggs' SciFi and Fantasy Corner</title>
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	<description>escribiendo sólo por el gusto de escribir</description>
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		<title>Alcachofa (3-2)</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2009 20:07:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ciencia ficción barata]]></category>
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		<description><![CDATA[Angus aún temblaba, pero se sobrepuso a la impresión. Miró sus manos: las palmas sangraban, de tan fuerte que había apretado los puños y encajado las uñas. Pero lo que él estaba pasando no era nada comparado con lo que debía de pasar Gabs. Corrió hacia ahí. Una pared de fuego se levantaba de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Angus aún temblaba, pero se sobrepuso a la impresión. Miró sus manos: las palmas sangraban, de tan fuerte que había apretado los puños y encajado las uñas. Pero lo que él estaba pasando no era nada comparado con lo que debía de pasar Gabs. Corrió hacia ahí. Una pared de fuego se levantaba de las aguas.</p>
<p><span id="more-58"></span></p>
<p>Su último recuerdo de ese día fue acercarse a las aguas negras y de pronto, todo se puso rojo. El helicóptero había sufrido daños enormes pero los rotores, por una casualidad tan improbable que rayaba en lo imposible, habían sobrevivido sin un rasguño. No pudo decirse lo mismo de sus compañeros. Las balas habían perforado a Thompson, que aún permanecía sostenido de la ametralladora de estribor. En la ametralladora de babor estaba Streaker, y se veía muy mal herido. Gabriel mismo tenía heridas en los brazos y las piernas. Thompson respiraba cada vez más rápido y lanzó un grito desgarrador mientras disparaba por última vez su ametralladora, abatiendo a los dos cazas más cercanos. Miró al acorazado al que se acercaban y sonrió para sí mismo. Soltó la ametralladora y cayó muerto hacia las aguas rojizas.</p>
<p>Streaker se levantó como pudo. Sin Thompson a bordo eran un blanco indefenso. Miró la bomba N2, estaba perforada. No había tiempo de efectuar la maniobra para lanzar la bomba: la trampa estaba atorada con varios trozos de metralla. Activó la bomba y se dejó caer. Si ganaban, sería una victoria pírrica. Por alguna razón pensó en los espartanos. Se dejó caer.</p>
<p>Gabriel sabía lo que pasaba. Estaba perdiendo el control del helicóptero. Se dirigió al puente de mando del acorazado y se preparó para morir. Las torretas antiaéreas no podían alcanzarlo: estaba en el punto ciego entre dos de ellas, la tercera había desaparecido gracias al avión que se estrelló en ella. Nunca se preguntó quié fue el último piloto, no alcanzó a ver si alcanzó a eyectarse. En cualquier caso su suerte sería mucho mejor que la del helicóptero y sus tripulantes.</p>
<p>Cien metros. Streaker estaba junto a Gabriel, tomándolo por sorpresa. Cortó el cinturón de seguridad de un balazo y lo lanzó de una patada hacia las aguas. Un par de segundos después el helicóptero se estrelló. La mina N2 se activó al impacto. El último recuerdo de Gabriel antes de caer fue la explosión anaranjada, y después, nada.</p>
<p>Despertó, o creyó despertar, en la playa. No sentía nada. Ni siquiera dolor. No podía ver nada. No podía oler nada. No podía escuchar nada. No podía moverse. Debo estar muerto, pensó. Morí y estoy en el limbo. Pero no puedo estar muerto si aún pienso.</p>
<p>No lo estaba. Su siguiente recuerdo fue una inmensa sensación de dolor, pero se sobrepuso. Había pasado más que eso y no iba a dejarse vencer por tan poco. Estoy muerto y fui al infierno. Bien, pensó, que se cuiden, porque si estaré aquí una eternidad voy a terminar venciéndolos.</p>
<p>Su siguiente recuerdo fue una sensación placentera por todo el cuerpo. Se sentía bien. Era como estar en un hidromasaje, claído, sensual. Se sentía bien. Se dejó llevar por la sensación, sentía que se había ganado el descanso. Esto, pensó, sí debe ser el infierno. Esta sensación es demasiado placentera y por eso mismo se volvería aburrida en poco tiempo.</p>
<p>Abrió los ojos. Se sentía diferente. Veía un líquido que se movía en la superficie. Estaba debajo de ella. Qué color sería, no estaba seguro. No podía saborear nada ni oler nada. O sí: un ojor a sangre. Pero era transparente. Un sabor a sangre. Pero era insípido. Líquido perfluorado, tal vez. No, perfluorocarbonado. Sï, eso es. Necesito saber dónde estoy. Hay que joderse, esto es un tanque y estoy respirando un líquido perfluorocarbonado lleno de nutrientes.</p>
<p>Pero Gabriel ya no era Gabriel. Ya no quedaba mucho de Gabriel en primer lugar. Ahora algo más &#8211;alguien más&#8211; ocupaba su lugar.</p>
<p>Cuando salió a respirar aire por primera vez desde la explosión, supo que algo no estaba bien. Cuando vio a Angus sin sus características arrugas, supo que algo estaba definitivamente mal. Cuando se vio por primera vez en el espejo. no supo qué decir o hacer. Aún no había asimilado la guerra y su cerebro ya debía enfrentarse a que en el espejo había alguien que no era Gabriel, pero sí lo era.</p>
<p>Los experimentos de regeneración habían sido exitosos. Angus había pasado de ser un hombre de cuarenta años a un joven de unos veintitantos. Su piel había sido regenerada. Pero Gabriel había perdido casi el 60 por ciento de su cuerpo, y si había sobrevivido fue por una broma pesada del destino. Y en su regeneración habían cometido un error. Un error de software. Quiso golpear al responsable, pero aún estaba muy débil. Y nunca más podría ser tan fuerte como antes, pensó, antes de dejarse caer en la cama.</p>
<p>Entonces aún no lo sabía, pero en la habitación de al lado descansaba su futuro.</p>
<p>Gabs y Angus recurrieron a las técnicas de relajación que les habían enseñado durante su recuperación. la calma poco a poco le devolvía la claridad a sus mentes. No habría sobrevivientes aunque lograran llegar a donde se encontraba el fuego, pero sí podrían utilizar la distracción para organizar a la población. Si era necesario algo para poder romper el status quo, el accidente, trágico, representaría la libertad de los habitantes.</p>
<p>Gabs llamó a varios civiles. Angus llamó a los militares.</p>
<p>Había que empezar.</p>
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		<title>Alcachofa (3-1)</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Aug 2009 22:49:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Una bola de fuego barrió el Puente. Las sirenas antiaéreas sonaron por primera vez en lo que parecían ser miles de años. Alcachofa era un enorme caos

Los temores de la población parecieron volver a reactivarse, y las fuerzas policiales se veían sobrepasadas por la magnitud de la movilización. Nadie entendía lo que pasaba.
&#8211;¡Alto el fuego! [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una bola de fuego barrió el Puente. Las sirenas antiaéreas sonaron por primera vez en lo que parecían ser miles de años. Alcachofa era un enorme caos</p>
<p><span id="more-55"></span></p>
<p>Los temores de la población parecieron volver a reactivarse, y las fuerzas policiales se veían sobrepasadas por la magnitud de la movilización. Nadie entendía lo que pasaba.<br />
&#8211;¡Alto el fuego! ¡Alto el fuego, carajo! &#8211;gritó el capitán, haciéndose escuchar por sobre la multitud&#8211; ¡Si alguien vuelve a disparar me lo trueno!<br />
Su tono no dejó lugara a dudas de que hablaba en serio, y ambos bandos parecieron calmarse, pero la tensión aún se sentía en el aire.<br />
&#8211;Un avión de carga chocó contra el puente&#8230; &#8211;alcanzó a decir el capitán&#8211; &#8230;y nadie pudo sobrevivir a eso.<br />
Civiles y policías se dieron súbita cuenta de lo que había pasado. Una vez más estaban aislados. Y esta vez no había forma de que llegara ayuda, no mientras no hubiera un puente. Como un gigante herido, el puente lanzó un gran bramido y los dos extremos cedieron. Al caer los escombros lo hicieron sobre las áreas minadas que no habían podido ser limpiadas aún. La magnitud de la explosión lanzó a Gabs por el aire. Se acurrucó de miedo.<br />
&#8211;No otra vez, no otra vez&#8230; &#8211;murmuraba Gabs. Angus trató de acercarse, sin atreverse. Temblaba y no podía apartar la vista de las llamas sobre el agua. Los días de la guerra aún estaban frescos.</p>
<p>&#8211;Tenemos que lograrlo &#8211;murmuraba Angus para sí mismo, mientras disparaba contra todo lo que se moviera tratando de abrirle paso al helicóptero.<br />
El avión había sufrido ya varios disparos y una columna de humo salía del motor derecho, pero Angus se negaba a rendirse. Gabriel, Thompson y Streaker seguían la ruta planeada. Un caza enemigo se avalanzaba, la luz de las balas trazadoras peligrosamente cerca del helicóptero. Angus disparó su último misil: un tiro perfecto.<br />
&#8211;Reporten posiciones &#8211;dijo el capitán. Angus no alcanzó a abrir su micrófono cuando el enemigo abatió al capitán. Sus balas abatieron al piloto enemigo en su cabina: el caza se estrelló en el mar y se transformó en una bola de fuego. Rápidamente observó que sus números disminuían. El gran acorazado se alzaba delante de ellos y sólo el helicóptero y él estaban aún en posibilidad de alcanzarlo. Terminaría con la amenaza de ese acorazado por cualquier medio necesario. Una ráfaga destruyó su segundo motor.<br />
&#8211;Este es un buen día para morir &#8211;dijo.<br />
Miró a su izquierda. El helicóptero había sido alcanzado por la misma ráfaga de balas: Thompson había sido abatido, Streaker habían sido alcanzado, probablemente Gabriel también. Apuntó proa hacia el puente de mando del acorazado y se dejó caer.<br />
&#8211;Éste es un buen día para morir &#8211;repitió.</p>
<p>Si Angus hubiera mirado al helicóptero se habría dado cuenta de que aún volaba. Streaker, bañado en sangre. activaba la mina N2. Gabriel se dirigía a toda marcha. Si Angus hubiera mirado se hubiera dado cuenta que su aeronave se interpuso contra la mayor parte de la ráfaga, y le dio el tiempo justo para ponerse en posición. Pero no lo hizo. Se relajó. Un sólo pensamiento ocupaba su mente:<br />
&#8211;Éste es un buen día para morir.</p>
<p>La aeronave lo expulsó automáticamente a treinta metros del puente de mando. El paracaídas se abrió y la corriente de aire caliente lo elevó lo suficiente como para evitar caer sobre la nave. La bola de fuego y el humo ocultó su presencia de los francotiradores. El cuerpo le dolía y ya estaba a punto de caer sobre las frías aguas cuando la mina N2 explotó. Su última mirada fue ver los cuerpos quemándose en el acorazado, y entonces, la bola de fuego lo alcanzó.</p>
<p>Su siguiente recuerdo fue en el hospital de campaña.<br />
No sentía nada. Tampoco podía ver nada. Ni escuchar nada. Ni moverse. Pero sabía que no estaba muerto. Se dejó envolver por la satisfactoria frescura que le ofrecía la oscuridad y se durmió. Cuando despertó de nueva cuenta, un grupo de médicos lo observaba. Estaban silenciosos y se veían raros. Era como pbservarlos a través de una pantalla. Se dio cuenta de que no podía mover los ojos. Trató de moverse. No pudo. Trató de hablar. Los médicos lo observaron, trataron de hablar con él, comenzaron a auscultarlo. Finalmente, uno de ellos le inyectó algo, y volvió a dormirse. Cuando despertó, el dinosaurio aún estaba ahí. Era un raptor, o eso creía, pero no recordaba que los raptores fueran de peluche y tuvieran alas tan grandes. Se dio cuenta de que no podía mover los ojos. Trató de mover su cabeza y lo logró: sí, era un velociraptor, según la teoría más reciente que lo equiparaba a los colores de un águila. Un cuadro se enfocó sobre el raptor, lo amplificó y mejoró, y un texto apareció sobrepuesto.<br />
«Perdí los ojos», se dijo, «y me han colcoado los prototipos de visión que me mostró O&#8217;Malley». Trató de hablar. el sonido llegó muy amplificado. «Perdí los oídos. Implantes cocleares. Todavía no los ajustan. De seguro perdí la piel. Por eso no siento nada. Anestesia. Tal vez me paralizaron, tal vez fue la guerra.» Intentó cerrar el puño. Una alarma sonó. El nivel del sonido bajó automáticamente. Un médico llegó.<br />
&#8211;Vaya, ésto es una sorpresa. ¿Puede verme, señor McGee?<br />
Angus trató de enfocar al médico. El cuadro se movió del raptor al rostro del médico, lo amplificó, y pudo leer el nombre.<br />
&#8211;Robert McFerrin.<br />
&#8211;¡Y puede hablar! Perfecto. Espero que el sonido no sea muy duro.<br />
&#8211;Tiene sus momentos&#8230;<br />
&#8211;Trabajaremos con él después.<br />
&#8211;Baje el volumen.<br />
&#8211;Trabajaremos en él ahora, entonces. ¿Qué tal ahora?<br />
&#8211;Mucho mejor.<br />
&#8211;Perfecto. En ese caso, permítame felicitarle, coronel McGee. Ganó usted la guerra.</p>
<p>Angus miraba la bola de fuego que se extendía. Temblaba incontrolablemente. Estaba muy lejos para alcanzarlo, y no tenía la misma fuerza, de hace diez años, pero esas cicatrices nunca terminarían por cerrar plenamente. Ni siquiera le pasó por la mente lo que estaría pensando Gabs.</p>
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		<title>Alcachofa (2-4)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jul 2009 22:38:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8211;No te entiendo&#8230;
&#8211;Sí. Me ves como una mujer, pero no lo soy. Soy un hombre.
La niña se limitó a ver a Gabs a los ojos y a inclinar la cabeza inquisitivamente. Luego dijo, con la voz cargada de ironía:
&#8211;Sí, claro&#8230;

Diez años antes de la Guerra, el doctor Thomas O&#8217;Malley trabajaba en el centro de investigaciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8211;No te entiendo&#8230;<br />
&#8211;Sí. Me ves como una mujer, pero no lo soy. Soy un hombre.<br />
La niña se limitó a ver a Gabs a los ojos y a inclinar la cabeza inquisitivamente. Luego dijo, con la voz cargada de ironía:<br />
&#8211;Sí, claro&#8230;</p>
<p><span id="more-51"></span></p>
<p>Diez años antes de la Guerra, el doctor Thomas O&#8217;Malley trabajaba en el centro de investigaciones militares, Estaba en su casa, tomándose unos días de merecidas vacaciones, mientras terminaba de correr unos experimentos. Su plan era crear pequeños robots, del tamaño de bacterias, que sirvieran para reconstruir las heridas más profundas en los soldados de una manera menos invasiva que la cirugía. Lo que esperaba era que los picobots reconstruyeran los tejidos afectados, al menos lo suficiente como para proporcionarle al cuerpo una base en la cual poder reparar sus heridas.</p>
<p>Era un día frío. O&#8217;Malley trataba de reparar su calentador, antes de que el invierno lo sorprendiera. Dejó el trabajo un momento para descansar, cuando escuchó un ruido. Un terremoto. Los terremotos no eran raros en la isla, y mucho menos teniendo un origen volcánico, pero la intensidad de ése evento en particular lo tomó por sorpresa. Siete y medio, alcanzó a pensar. Aunque su casa estaba preparada para resistir un terremoto de 8 grados, la tubería de gas estaba más oxidada de lo que se veía por fuera, y el esfuerzo la rompió. Una caja de herramientas metálica que cayó de una estantería ocasionó una chispa que encendió el gas. El infierno se desató justo cuando O&#8217;Malley perdía el equilibrio. La explosión del tanque de gas lo impactó de lleno.</p>
<p>O&#8217;Malley despertó, pero no podía ver nada. Ni oir nada. Ni hablar. Ni sentir. Ni oler. Había perdido todos sus sentidos, y sin embargo estaba vivo. Trató de moverse. No pudo sentir sus piernas. Ni sus brazos. Ni su espalda, o su vientre. No podía sentir nada. Tampoco es que hubiera nada que sentir. Sólo podía, muy dolorosamente, mover la boca, pero no podía sentir su lengua. Sintió que algo le tocaba la frente. Era morse. Podía sentirlo. Trató de mover la boca, trataba desesperadamente de comunicarse. De forma lenta y dolorosa logró que le dijeran lo que había pasado.  De la misma forma autorizó a que llevaran a cabo con él un procedimiento experimental para convertirlo en un organismo cibernético. Primero recuperó el oído, con un implante coclear. A continuación, la voz, con un resonador faríngeo: una voz electrónica. Implantes conectados a cámaras de baja resolución le permitieron leer y ver su entorno. Los restos de su destrozado cuerpo fueron colocados en un exoesqueleto. Recuperó la mobilidad. Al cabo de un año regresó a su trabajo, sólo como asesor, pero lo bastante como para evitar que se volviera loco.</p>
<p>Era lento su trabajo. Se sentía un inútil, pero no desistió. Cuando terminó de programar a sus picobots, sólo había una manera de probarlas en un sujeto de pruebas sin arriesgar a nadie más.<br />
&#8211;Yo seré el primero &#8211;dijo con su voz metálica.<br />
Retiraron todos los implantes y dejaron que los picobots hicierna el trabajo para el cual fueron diseñados. Poco a poco O&#8217;Malley volvió a ser un hombre completo. Estaba, sin embargo, lleno de cicatrices: los picobots no podían remover lo que ya estaba ahí, por seguridad. O&#8217;Malley emergió del tanque de pruebas como un hombre, sin dolor, rejuvenecido.<br />
&#8211;Es una lástima estar tan feo. Pero ya me las arreglaré.</p>
<p>Cuando la guerra comenzó,  O&#8217;Malley aún estaba en el tanque. Cuando la guerra terminó, O&#8217;Malley acababa de salir del tanque. Sin detenerse a pensar en las consecuencias ni a verificar si su técnica había sido un éxito, O&#8217;Malley obligó a que se autorizara el uso de la terapia en Gabriel. ¿Cómo podía fallar si a él le había ido tan bien? Es cierto que sus cicatrices seguían ahí, pero también es cierto que era ya un hombre viejo. En alguien joven los resultados forzosamente debian ser mejores. Mientras Gabriel era introducido al tanque y las larvas se comían los tejidos muertos, O&#8217;Malley programaba los picobots. Una muestra de ADN, un secuenciador, un replicador, introducción a los picobots del tejido que debían reconstruir. Pronto todo estaba en marcha.</p>
<p>Un nuevo cuerpo comenzó pronto a crecer alrededor de Gabriel. Paralelamente O&#8217;Malley documentaba el proceso. Entonces notó que los cromosomas del cuerpo eran un tanto diferentes a lo esperado. Un nuevo análisis, mucho más detallado, demostró que el tejido de Gabriel era un mosaico de células XY y XXY. Gabriel era un hombre con una versión muy ligera del síndrome de Klinefelter. Pero además, los picobots habían fallado: su programación los obligaba a destruir el cromosoma Y. Las sondas que no contaban con dos cromosomas eran destruidas, pero las que sí los tenían lo hacían con información genética equivocada. Erademasiado tarde para parar el proceso cuando se dieron cuenta del error. Habría que continuar hasta el final y ver si Gabriel sobreviviría a ser un triple mosaico.</p>
<p>Gabriel sobrevivió, contra todo pronóstico. Su cuerpo era ahora, en su mayor parte, el de una mujer. Aunque los picobots no habían formado óvulos, sí habían formado ovarios. Su feminización fue traumática; el flujo de hormonas al que no estaba acostumbrado su cerebro le provocaba fuertes problemas de identidad, y lo llevó al borde del suicidio. O&#8217;Malley, ansioso por resarcir su error, le ofreció un trato. Si lograba sobrevivir un año con ese cuerpo, él podría encontrar la manera de remover las células que no fueran parte de su cuerpo originario. Un año era el tiempo que le pedía, un año y nada más. Era necesario hacerlo así, porque antes tenían que probar las técnicas con una paciente más, que tenía una enfermedad autodegenerativa que estaba poco a poco destruyendo sus células. Si no lograban detener el avance de la enfermedad antes de que atacara el cerebro, no habría nada que hacer. Si, en cambio, lograban detenerlo, hacer un transplante  de cerebro sería la mejor opción, puesto que crecer un cuerpo nuevo con las células defectuosas daría el mismo resultado. Gabriel vio a la chica, en una silla de ruedas, con mirada triste y la piel llena de llagas.Gabriel la conocía.</p>
<p>Aceptó.</p>
<p>&#8211;Estoy haciendo esto por ella. Cuando regrese  a casa este cuerpo será el de ella. Entonces yo volveré a tener mi cuerpo normal y los dos seremos felices.<br />
&#8211;No te creo.<br />
&#8211;¿Por qué?<br />
&#8211;Es un cuento. No creo que eso sea posible.<br />
&#8211;Bueno, hagamos algo. Tú no me creas, pero cuando regrese a casa, te llevaré conmigo y lo verás tú misma.<br />
&#8211;¿Lo prometes? &#8211;dijo la niña.<br />
&#8211;Palabra de honor &#8211;d¡jo Gabs poniendo la mano derecha a la altura de su corazón.</p>
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		<title>Alcachofa (2-3)</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 22:38:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Era de noche. Gabs estaba en el techo del edificio más alto, mirando al puente, cuando escuchó un paso detrás suyo.
Inmediatamente se lanzó al vacío.

No era un vacío, en realidad, sino una pequeña cornisa. Sacó su arma reglamentaria y revisó quién había hecho ese ruido. Era Gabriela, que estaba pálida. Gabs se relajó y guardó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Era de noche. Gabs estaba en el techo del edificio más alto, mirando al puente, cuando escuchó un paso detrás suyo.</p>
<p>Inmediatamente se lanzó al vacío.<br />
<span id="more-49"></span></p>
<p>No era un vacío, en realidad, sino una pequeña cornisa. Sacó su arma reglamentaria y revisó quién había hecho ese ruido. Era Gabriela, que estaba pálida. Gabs se relajó y guardó su arma antes de emerger de la cornisa.<br />
&#8211;Me asustaste, tonta &#8211;dijo la niña.<br />
&#8211;No era mi intención. Tú me asustaste más. ¿Qué haces aquí?<br />
&#8211;Tu novio me dijo dónde estabas.<br />
&#8211;No es mi novio. Es mi amigo.<br />
&#8211;Sí, como sea.<br />
&#8211;¿Qué haces aquí?<br />
&#8211;Quería hablar contigo. Hace dos días que no vas a la playa.<br />
&#8211;Pues aquí me tienes. Siéntate cerca mío, y no te vayas a caer.</p>
<p>El puente era estrecho y delgado, pero muy largo. Desde el techo del edificio apenas podías ver la otra costa, justo en el horizonte. La niebla no permitía ver más que la pequeña joroba del puente, por donde pasaban los barcos más grandes sin carga, rumbo al astillero. Aún estaban ahí los grandes restos de los barcos de guerra que habían sido destruidos por ambos bandos.</p>
<p>Todo parecía conspirar para que la guerra se perdiera. El último escuadrón de élite fue despachado para ejercer una ofensiva desesperaba, que no se esperaba pudiera cambiar el curso de la guerra, sin meramente retrasar la caída del gobierno y evacuar a la población civil. Los hombres y mujeres del escuadrón de élite sabían bien que morirían, que eran carne de cañón, pero cumplirían su misión si eso implicaba salvar a su familia. Cuando Gabs, Thomson y Streaker subieron al helicóptero y cargaron la mina N2, lo único que esperaban era poder retrasar la llegada de los barcos militares a tierra firme. Los jets normalmente requerían a dos pilotos a bordo; las desesperadas circunstancias ubicaron a uno solo.</p>
<p>El helicóptero  iba armado hasta los dientes. Artillero, navegante y piloto se encargarían de disparar para proteger su preciada carga hasta no hacerla explotar sobre uno de los barcos enemigos. Gabs pilotaba la nave como nunca antes; sus seis años de experiencia en ese preciso modelo hacían que fuese ya una extensión más de su cuerpo. Los jets de guerra le abrían paso, negándose a caer. De 14 naves, sólo dos continuaban volando cuando vieron que el mayor buque de guerra era el Aconcahuanac, la joya de la naval enemiga. Cuando se quedaron sin municiones, los dos jets se retiraron de la batalla. No había más por hacer. El helicóptero se enfrentó solo a las naves enemigas. Una certera bala golpeó al navegante, que nunca se enteró qué lo mató. El artillero recibió una ráfaga que lo dejó muy mal herido. Una esquirla lastimó a Gabs en un brazo. El helicóptero no soportaría otra ráfaga. Thompson y Gabs se miraron; Thompson activó la mina N2, mientras Gabs se dirigía al puente de mando. Por un segundo Gabs creyó trabar su mirada con el capitán del buque. Entonces, con sus últimas fuerzas, Thompson lanzó fuera del helicóptero en llamas a su superior. Cuando la mina explotó, vaporizando el helicóptero, Gabs ya caía rumbo a las aguas heladas. No recordaría que, justo cuando Thompson le lanzara, una ráfaga destruyó el rotor, ni que los restos del rotor le hicieron profundos cortes en brazos, piernas y cuerpo, y mucho menos que la mina le quemó más allá del reconocimiento.</p>
<p>Pero no murió. Lo que quedaba del cuerpo de Gabs llegó a la playa, y se movía, tratando de ponerse de pie y regresar a la pelea. Rápidamente transladaron lo que quedaba de su cuerpo al hospital militar de campaña más cercano, donde un oficial  médico decidió terminar su sufrimiento con una enorme dosis de morfina. Pero no murió. Nadie se atrebía a darle el tiro de gracia: su placa era la de un oficial de élite, aunque estuviera fundida en su piel, y probablemente acababa de ganar la guerra: más allá, el buque insignia enemigo era una masa de llamas, y su explosión había ocasionado una reacción en cadena con los buques que lo seguían.  El precio que se acababa de pagar era mucho menor que el que había pagado el enemigo.</p>
<p>Una llamada de la escuela de medicina militar decidió el destino del cuerpo que se negaba a morir. Colocaron lo que quedaba de Gabs en un tanque lleno de perfluorohexano con nutrientes y oxígeno disueltos, y se introdujeron larvas que se alimentarían exclusivamente del tejido muerto. Al finalizar, se introdujeron bacterias genéticamente diseñadas, que tomarían el código genético de Gabs, lo duplicarían, y producirían una célula que reemplazaría la que había perdido. Fue un proceso largo y penoso, pero dos meses después el cuerpo de Gabs ya era el de una mujer.</p>
<p>Entonces llegó el desastre. Cuando revisaron los datos de la placa de identificación con la de los soldados de élite que participaron en la Gran Batalla, notaron con horror que la mujer que se recuperaba en el tanque era el capitán Gabriel O&#8217;Brien, el mejor piloto de helicópteros Gammater de la Armada.</p>
<p>&#8211;Cuando desperté, fue ya así como me ves. Pero ésta mujer no soy yo.</p>
<p>Los restos del Aconcahuanac aún estaban ahí.</p>
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		<title>Alcachofa (2-2)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 22:27:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ciencia ficción barata]]></category>
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		<description><![CDATA[La guerra había dejado secuelas muy grandes. Siendo la mayor isla del continente, y con grandes riquezas minerales sin explotar, no era de extrañar que despertara la codicia de los gobernantes de tierra firme.

La costa de la isla está formada por fiordos, excepto la Bahía de la Media Luna, cuya entrada está flanqueada por acantilados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La guerra había dejado secuelas muy grandes. Siendo la mayor isla del continente, y con grandes riquezas minerales sin explotar, no era de extrañar que despertara la codicia de los gobernantes de tierra firme.</p>
<p><span id="more-44"></span><br />
La costa de la isla está formada por fiordos, excepto la Bahía de la Media Luna, cuya entrada está flanqueada por acantilados que gradualmente se reducen a una zona de playa de arenas suaves y negras, producto del volcán extinto que domina la Cordillera Central. Detrás de la cordillera hay una zona desértica que gradualmente se convierte en sabana primero y en selva después. La Bahía de la Media Luna recibe el caudal del Río Meridional, que viene de la Cordillera y divide las tierras de occidente en dos mitades, Salsacia del Sur y Salsacia del Norte, que tradicionalmente han tenido una rivalidad enorme por controlar la bahía de manera comercial. Más allá de las montañas, a través del río, se llega a la Laguna Estigia, un lago de montaña enorme, que en invierno se congela. En su costa Este se abre un enorme barranco que da paso al Sahael, la única parte del desierto donde hay vida vegetal. Más allá, nada durante kilómetros y kilómetros, excepto la Transisleña, una supercarretera por la cual transitan los ciudadanos de Este a Oeste, que al entrar en las montañas lo hace a través de túneles y carreteras panorámicas que adoptan formas caprichosas. Al norte y al sur se pueden ver las montañas que flanquean la costa y no permiten el paso de las nubes. Mientras las montañas comienzan a bajar, la humedad tiende a subir y el Sahael se transforma en sabana. Pronto se llega a las Grasslands, ciudades gemelas que comparten un territorio desde donde parte el segundo río más grande de la isla: el Flüxen. Éste se pierde en el Oeste, y es la única puerta de entrada a la isla por esa zona; no es fácil navegar por los fiordos y los riscos son traicioneros, por lo que no hay barcos de gran calado peroo sí numerosos barcos más pequeños. Antes de las montañas el río se vuelve ancho y profundo, por lo que sirve como carretera marina. Mientras más avanza el Flüxen más humedad hay en el ambiente. Los fiordos del Sur descienden y permiten la llegada de grandes nubes de tormenta, y la parte sur de la zona Oeste es hogar de la única selva pluvial de la isla. El Norte es bosque húmedo. No hay ciudades importantes en esa zona; apenas poblados de leñadores. Las ciudades grandes se fundaron en los terrrenos menos fértiles, para aprovechar la tierra de siembra siempre.</p>
<p>En el Sahahel sólo hay una ciudad, justo en medio, llamada Espejismo por sus habitantes. Es una ciudad pequeña de no más de 5000 habitantes, con hospital, centro comercial y planta nuclear; pero quien la ve por primera vez sólo vería unas pocas tiendas a flor de piel, enmarcando la supercarretera. Para escapar del calor del día y el frío de la noche la ciudad fue construida casi toda bajo tierra. Sólo la entrada de las tiendas y las amplias placas de ladrillo refractario que forman las playas de estacionamiento permanece fuera. Los niños suelen jugar béisbol bajo la sombra de los tamarindos que los habitantes de Espejismo cuidan con espero. Granjas de humedad recogen la poca agua que hay en el aire, y no es de extrañar que haya un gran número de granjas siguiendo la línea de la carretera. A pesar de lo inhóspito del lugar, un gran número de corporaciones tiene tiendas ahí y la gente viaja con gusto las quinientas millas para comprar artículos sin impuestos y a bajo precio. Es en esta ciudad en la que Gabs nació hace 28  años.</p>
<p>Como todos, cuando terminó la preparatoria Gabs se mudó a otra ciudad para entrar a la universidad. Espejismo no podía mantener una universidad con tan bajo número de habitantes, y que la ciudad creciera implicaría importar agua, un bien tan necesario como escaso y caro en esa ciudad. Gabs se montó en el tren una tarde, despidiéndose de su familia, y se inscribió en la academia militar. Nadie sabía que 10 años después Gabs habría de intervenir en la mayor batalla de la historia de la isla, recibir heridas que matarían a todos aquellos que las recibieran y, sin embargo, negarse a morir.</p>
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		<title>Alcachofa (2-1)</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jun 2009 19:32:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ciencia ficción barata]]></category>
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		<description><![CDATA[Es el atardecer. Gabs está en la playa, mirando al horizonte. El sol está ocultándose. El horizonte es un arco perfecto excepto en el punto exacto donde el sol se pone: hay una pequeña meseta dentada interponiéndose.

&#8211;¿Qué haces? &#8211;preguntó la chiquilla, que silenciosamente había llegado. Gabs no hizo ningún movimiento ni pareció asombrarse.
&#8211;Veo el atardecer. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es el atardecer. Gabs está en la playa, mirando al horizonte. El sol está ocultándose. El horizonte es un arco perfecto excepto en el punto exacto donde el sol se pone: hay una pequeña meseta dentada interponiéndose.</p>
<p><span id="more-42"></span></p>
<p>&#8211;¿Qué haces? &#8211;preguntó la chiquilla, que silenciosamente había llegado. Gabs no hizo ningún movimiento ni pareció asombrarse.<br />
&#8211;Veo el atardecer. Siéntate conmigo.<br />
Gabriela se sentó y se puso a mirar el sol.<br />
&#8211;¿Ves esa manchita debajo del sol? Es Ciudad V. Ahí nací.<br />
&#8211;Mi mamá dice que yo nací del otro lado del agua, pero no me acuerdo. Siempre había vivido aquí hasta que empezó la guerra. ¿Tú estuviste en la guerra?<br />
&#8211;Sí.<br />
&#8211;¿Quieres contarme? Mi mamá nunca me quiere contar nada.<br />
&#8211;La guerra nos cambió mucho. Nosotros vivíamos en paz, cuando a nuestro enemigo se le ocurrió que podía atacarnos y convertirnos en sus esclavos. Nos defendimos como pudimos. Ganamos, pero por poco no lo hacemos.<br />
&#8211;¿Te pasó algo?<br />
&#8211;Sí.<br />
&#8211;¿Qué?<br />
Gabs tembló un poco, como si le doliera recordarlo.<br />
&#8211;Me quemé.</p>
<p>»Yo entré al ejército hace cinco años. Era parte de las fuerzas especiales. El entrenamiento al que nos sometieron hizo que mi cuerpo fuera muy fuerte y resistente. Cuando comenzó la guerra, nos llamaron a todos para defender el país. Pero éramos pocos, muy pocos, y estábamos a punto de perder. Si el enemigo no hubiera cometido un error fundamental, nos hubieran ganado. Ese día nos reunieron. De cincuenta que éramos en mi unidad quedábamos sólo 10 con vida. El general Lazo nos reunió. Nos dio instrucciones y nos dijo que el enemigo había lanzado su barco insignia contra nosotros. Si lograba llegar a la costa nos bloquearía, porque nuestra isla mayor sólo tiene una playa por la cual desembarcar y el resto son acantilados. Debíamos atacar el barco en una misión casi suicida. Si lo hacíamos correctamente, descargaríamos una bomba en su puente, que se detonaría a control remoto cuando nos alejáramos. Si lográbamos colocarnos cerca y nos dañaban, debíamos estrellarnos contra el buque y escapar antes de que  explotara. No podían garantizar que sobreviviéramos. Si perdíamos la bomba todo estaba perdido.<br />
»Yo siempre pilotée helicópteros. Me destaqué en eso en la escuela. Y sólo un helicóptero podía llevar la bomba y colocarla en el puente. Practicamos toda la noche en el simulador, tanto, que no notamos diferencia cuando subimos a las vanes verdaderas. Mis compañeros nos escoltarían a mí y a mi artillero hasta el buque. Salimos justo al amanecer.<br />
»En todas nuestras misiones del simulador habíamos logrado ganar, pero no todos regresaron vivos. En algunas incluso yo morí. Pensábamos que teníamos dominada cualquier contingencia, nada nos iba a impedir ganar.<br />
»Fue una masacre.<br />
» Sus pilotos eran muy buenos, tal vez mejores que nosotros. Y eran más de los que simulamos: con el buque insignia venían otros barcos que no se desviaron para atacar cuando lo planeamos. Pasar fue casi imposible, y de mis ocho escoltas sólo uno regresó a tierra. Se llevaron con ellos a quince aviones enemigos cada uno. Triples ases, todos ellos. Mi artillero y yo logramos simular que nos íbamos a escapar y pasamos por sobre el puente de mando, con la idea de soltar la bomba, pero una ráfaga de metralla nos golpeó y bomba no se soltó. No nos quedó más remedio que estrellar el helicóptero en el puente de mando.<br />
»Lo último que recuerdo fue que vi a los ojos a mi artillero, que estaba gravemente herido, y creo que logré ver a los ojos al capitán del buque insignia. Después, nada.<br />
»Nunca encontraron a mi artillero. A mí me encontraron en la arena de la playa. No tenía brazos, ni piernas, y tenía quemado todo el cuerpo, tanto que no me hubieran podido reconocer de no ser porque mi identificación se quedó pegada a mi cuerpo. Aún me movía. Dicen que trataba de ponerme en pie. Me llevaron a un hospital militar, pero no se decidieron a ponerle fin a mi sufrimiento.<br />
En su lugar, me metieron en una máquina experimental, llena de un líquido lleno de nutrientes y oxígeno. Primero una especie de gusanitos se comería todas mis partes muertas, después, pequeños robots se encargarían de construirme un nuevo cuerpo, y al final, una clase de bacterias reemplazarían el cuerpo construido por carne y sangre de verdad.<br />
»Me hicieron de nuevo.<br />
»Cuando desperté, fue un choque. No era yo, pero sí era yo. Mis manos no eran mis manos. Mis piernas no eran mis piernas. Mi cara no se sentía igual. Me llevaron ante un espejo y no pude reconocer a la mujer que estaba frente a mí. Esa mujer no era yo. Aún hoy no entiendo por qué cuando me veo en el espejo hay una chica que me devuelve la mirada.<br />
»No me malentiendas: les agradezco mucho lo que hicieron por mí: sigo con vida después de todo y puedo pelear un día más. Sólo que no soy yo completamente.</p>
<p>&#8211;¿Por qué hablas así? &#8211;dijo la niña.<br />
&#8211;¿Así, cómo?<br />
&#8211;Hablas muy raro. Nunca dices cosas que yo siempre digo.<br />
&#8211;Tal vez el accidente me afectó la cabeza.<br />
&#8211;Me tengo que ir a casa. Mamá no quiere que esté fuera mucho rato después de que el sol se meta.<br />
&#8211;No creo que debas preocuparte. Las mamás son así.<br />
&#8211;Bueno, ya me voy &#8211;dijo la niña, que se alejó corriendo por la arena. Gabs no miró atrás. El Sol lanzó un último rayo y desapareció tras el horizonte. &#8211;Mañana quiero que me cuentes de la guerra.</p>
<p>De regreso en su barraca, bebiendo un trago de pruno, Gabs preguntó:<br />
&#8211;¿Crees que hablo raro?<br />
&#8211;No utilizas pronombres al hablar de tí. Claro que hablas raro.<br />
Gabs se quedó en silencio largo rato. Bebió un trago de pruno y habló:<br />
&#8211;Creo que es tiempo de aceptar finalmente que he cambiado.</p>
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		<title>Alcachofa (1-4)</title>
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		<pubDate>Mon, 25 May 2009 22:44:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dijo, el Cuervo.</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ciencia ficción barata]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8211;Oye &#8211;dijo Gabs&#8211;, ¿dónde está el baño?
&#8211;Abajo &#8211;respondió Bobby&#8211; tenemos dos baños para todo el edificio, uno para varones y uno para mujeres, cada uno con siete secciones diferentes. Usa el de en medio. Siempre. Es donde está la higiene.

»Los primeros los usan quienes tiene prisa, los últimos quienes quieren escapar de la peste o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8211;Oye &#8211;dijo Gabs&#8211;, ¿dónde está el baño?<br />
&#8211;Abajo &#8211;respondió Bobby&#8211; tenemos dos baños para todo el edificio, uno para varones y uno para mujeres, cada uno con siete secciones diferentes. Usa el de en medio. Siempre. Es donde está la higiene.<br />
<span id="more-41"></span><br />
»Los primeros los usan quienes tiene prisa, los últimos quienes quieren escapar de la peste o hacen cosas que no deberían hacer en los baños. La higiene está en el medio. Pero no confíes. No encontrarás un baño de primer mundo, alégrate de que funcione. Usa el menor papel posible, siempre lleva reservas, tíralo a la taza y no toques el excusado. Lo que usamos para limpiarlo es muy fuerte y no siempre lo limpiamos tan bien como quisiéramos. Una vez cada dos meses te tocará limpiar los baños, es un acuerdo tácito que tenemos.<br />
&#8211;No puedo creerlo. Es que cuando los escucho parece que viven en una utopía anárquica.<br />
&#8211;Vivimos en una anarquía, sí, pero no en una utopía. Nos ha costado mucho mantener un orden y la verdad, ya nos cansamos &#8211;dijo Jack. Se sirvió un vaso más de pruno y se sentó en el marco de la ventana para ver la ciudad. Con el contraluz se le veía como un hombre viejo.<br />
&#8211;Han hecho mucho y espero que lo que hagamos ahora nosotros sea la mitad de bueno.<br />
&#8211;¿Qué van a hacer? &#8211;preguntó Bobby.<br />
&#8211;Pues&#8230; me gustaría decirlo, pero no tenemos ni idea.<br />
&#8211;Genial &#8211;dijo Jack&#8211;. Pobre isla.</p>
<p>Era de noche. Gabs y Angus caminaban por la orilla de la playa. Era octubre, y hacía fresco ya. Recogían algunas de las cosas que la marea les llevaba. Con cuidado, porque el peligro siempre estaba presente: nunca se sabía si lo que recogían era un arma que podía explotar en cualquier momento. </p>
<p>Una niña estaba centada unos metros más adelante. Nadie estaba cerca. Gabs y Angus se acercaron.<br />
&#8211;Hola &#8211;dijo Gabs. No terminaba de acostumbrarse al sonido de su voz.<br />
&#8211;Hola &#8211;dijo la niña.<br />
&#8211;¿Qué haces?<br />
&#8211;Nada.<br />
&#8211;¿Por qué no estás en tu casa?<br />
&#8211;No me gusta estar ahí. Huele muy mal.<br />
&#8211;Te comprendo. A mí tampoco me gusta como huele mi casa &#8211;Gabs se sentó junto a la niña&#8211;. ¿Qué miras?<br />
&#8211;Mi mamá dice que a veces en la noche se puede ver un punto de luz, que es otra ciudad y que en esa ciudad vamos a vivir algún día. Yo quiero ver la ciudad pero no quiero irme de aquí.<br />
&#8211;¿Por qué?<br />
&#8211;Me gusta vivir aquí, aunque mi casa huela mal.<br />
Angus miró algo más adelante.<br />
&#8211;Voy a ver qué hay allá. Regreso.<br />
&#8211;¿Es tu novio? &#8211;dijo la niña, mirando a Gabs.<br />
&#8211;No. Es mi primo.<br />
&#8211;Oh. No los había visto antes.<br />
&#8211;Somos nuevos aquí.<br />
&#8211;Oh. ¿Tienes algo de comer?<br />
&#8211;Tengo un chocolate. Pero antes de dártelo quiero que me digas una cosa.<br />
&#8211;Mi mamá me advirtió que no acepte cosas de extraños que quieran que me vaya con ellos.<br />
&#8211;Y es muy cierto. Pero yo no quiero que vengas conmigo. Sölo quiero que me digas cómo te llamas.<br />
&#8211;Gabriela.<br />
&#8211;Quién lo diría.<br />
&#8211;¿Cómo te llamas tú?<br />
&#8211;Gabrielle.<br />
&#8211;¡Gabs! &#8211;llamó Angus, a la distancia&#8211; ¡Ven a ver esto!<br />
&#8211;Ten &#8211;dijo Gabs, y le tendió una barrita de chocolate a la niña. Salió corriendo hacia donde se encontraba su compañero, y cuando miró atrás la niña ya no estaba.</p>
<p>&#8211;¿Qué encontraste?<br />
&#8211;Si esto no es una computadora, que me zurzan.<br />
Y era una computadora pequeña, de mano. De la misma clase de la que hubieran utilizado los hombres que torpedearon el Vigilante. Allá había otra, más una agenda electrónica que una computadora, rota.<br />
&#8211;Yo traía una de éstas cuando&#8230; &#8211;dijo Gabs, pero no pudo continuar. Las palabras se le hicieron un nudo.<br />
&#8211;Lo recuerdo. Yo también. Creo que gracias a esa salvé la vida, ¿sabes? Vamos a llevárnoslas. Si puedo repararlas tendremos algo qué usar por las noches.<br />
&#8211;Hay muchas cosas aquí. ¿Por qué nadie las recoge?<br />
&#8211;Hay ácidos y explosivos en las aguas. Es peligroso.<br />
&#8211;Explosivos sí, ácidos no lo creo. No después de tanto tiempo.<br />
&#8211;Vamos a casa.<br />
&#8211;Buena broma.<br />
&#8211;De alguna manera debemos llamarle.</p>
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		<title>Alcachofa (1-3)</title>
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		<pubDate>Tue, 19 May 2009 21:36:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Dijo, el Cuervo.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[español]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8211;¿Tienen hambre? &#8211;preguntó Jack, mientras acomodaba el tablón que hacía las veces de mesa, escritorio y burro de planchar sobre los soportes en la pared.  
Bobby llegó con cuatro paquetes de raciones clase B. No eran tan sabrosas como las raciones de la clase A. Parecían más bien comida de avión. Pero era mejor que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8211;¿Tienen hambre? &#8211;preguntó Jack, mientras acomodaba el tablón que hacía las veces de mesa, escritorio y burro de planchar sobre los soportes en la pared.  <br />
Bobby llegó con cuatro paquetes de raciones clase B. No eran tan sabrosas como las raciones de la clase A. Parecían más bien comida de avión. Pero era mejor que nada. Jack sacó una botella con un líquido anaranjado y sirvió cuatro raciones. Gabs y Angus se limitaban a mirar. Jack reventó la cápsula de cal viva dentro del envase de las raciones y, al contacto con el agua, éstas comenzaron a calentarse. Era la misma comida de campaña a la que estaban acostumbrados todos, pero por su permanencia en el hospital Gabs frunció ligeramente el seño.<br />
&#8211;Había olvidado el sabor de estas crudezas.<br />
&#8211;Al menos no son raciones clase C &#8211;dijo Angus, bebiendo un trago a la bebida anaranjada&#8211;. Ésto es interesante. ¿Qué es?<br />
&#8211; Pruno. <br />
&#8211;No me jodas. <br />
&#8211;Es pruno &#8211;insistió Jack&#8211;. Yo mismo lo preparo. Es lo más fuerte que puedo preparar sin destilar, y a veces el cuerpo necesita un trago. No tiene alto contenido de alcohol, y soy lo suficientemente bueno preparándolo como para que no te mate, pero es pruno. Aprendí a hacerlo en la prisión con salsa de tomate, pan, jugo de naranja y cáscaras de frutas. Aquí tengo acceso a azúcar, lo que facilita las cosas. <br />
&#8211;¿Saben? &#8211;dijo Gabs&#8211; En la escuela yo hubiera bebido ésto. Le falta ese delicado sabor a ácido de batería que sólo los paladares más finos y educados exigimos, pero yo hubiera bebido ésto.<br />
&#8211;Gracias, supongo &#8211;dijo Jack&#8211;. ¿Listos para la tarea?<br />
&#8211;No. Ni siquiera sabemos por dónde empezar. Tardaremos al menos una semana en averiguar todo lo que necesitamos.<br />
&#8211;Tómense su tiempo. Somos muchos aquí y hay muy poco espacio. Nadie se fijará en ustedes si no intentan establecer conversación. Mientras no hagan ruido la gente los respetará. Es una norma no escrita. Si no te metes con nadie, nadie se meterá contigo. Como somos tantos en tan poco espacio, aprendimos a callarnos. Ésta es la razón por la que hablamos en voz baja, y por la cual en las noches podemos escuchar lo que pasa en ghettos vecinos.<br />
&#8211;Explícame algo: ¿hay comercio o racionamiento aquí? ¿de dónde obtienes la comida?<br />
&#8211;Cada mes en el puente tienes que presentarte. Te darán 90 raciones variadas y algunas otras cosas como salsa tabasco o café. Te tocan 90 y punto. Luego la gente intercambia las cosas. Alguien que recibió 90 raciones de espagueti querrá cambiar algunas por arroz, frijoles o hamburguesas. Nos procuran agua, más de dos litros diarios, pero tenemos que llevar nuestra cantimplora. La ropa llega raramente. Para bañarnos hemos terminado limpiando una sección de la playa lenta y penosamente, con ayuda de las mareas. Aunque no podemos alejarnos más de 10 metros de la orilla y sólo por 100 metros de playa, pero eso, al menos, nos permite reducir un poco el hedor. De ahí mismo hemos logrado destilar un poco de agua extra, que usamos para lavarnos. Pero no es mucho.<br />
&#8211;Cualquiera pensaría que están al borde de una revolución.<br />
&#8211;Varias veces lo estuvimos. En una perdimos a más de diez mil personas antes de que se pudiera contener la violencia. Irónicamente, su muerte le dió más espacio a los refugiados. Fue cuando llegamos nosotros, a un par de meses del fin de la guerra. Fue entonces cuando derrocamos al gobierno provisional y convertimos la isla del último bastión enemigo en tierra de nadie. <br />
&#8211;Entiendo &#8211;dijo Angus.<br />
&#8211;Yo no. No sé nada del último año.<br />
&#8211;Será necesario explicar todo desde el principio.<br />
&#8211;Será mejor comer. Iremos a la playa después. Ahí podré explicar todo sin molestar a nadie.</p>
<p>Comieron en silencio, bebieron en silencio, y los cuatro salieron de la vivienda. No se molestaron en cerrar la puerta. No había nada valioso para robar, de cualquier manera.</p>
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		<title>Alcachofa (1-2)</title>
		<link>http://lordeggs.dijoelcuervo.com/2009/05/16/alcachofa-1-2/</link>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2009 05:13:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por supeusto, las cosas no eran tan fáciles como se veían. La salida ya era muy difícil, pero la entrada era punto menos que imposible.
Llegaron de noche. Eran las tres de la mañana. Si en el puente los esperaban, se llevaron un chasco. Llegaron por agua. Las calmadas aguas de la bahía estaban infestadas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por supeusto, las cosas no eran tan fáciles como se veían. La salida ya era muy difícil, pero la entrada era punto menos que imposible.</p>
<p><span id="more-31"></span>Llegaron de noche. Eran las tres de la mañana. Si en el puente los esperaban, se llevaron un chasco. Llegaron por agua. Las calmadas aguas de la bahía estaban infestadas de minas y el fondo estaba lleno de escombros; ningún barco hubiera podido pasar por ahí. Pero ellos no llegaron por barco. Apenas tocar la orilla se quitaron los trajes de natación. La marea se llevaría las pruebas de su llegada. No llevaban nada más que lo puesto, y no era mucho. En la oscuridad se adentraron en la ciudad.</p>
<p>&#8211;Angus McGee &#8211;dijo Jack. No era una pregunta. Estaba fumando un cigarro apoyado en una pared. Llevaba quince minutos esperándolos.<br />
&#8211;Jack. Mucho tiempo. Te presento a Gabs.<br />
&#8211;Esperaba a Angelica McGee.<br />
&#8211;Si hemos de ser compañeros por un mes, llámeme Gabrielle, o Gabs. Odio que me llamen Angie y mucho más que me llamen Angelica. Ni siquiera son mis nombres.<br />
&#8211;Sea. Vámonos. La ciudad no está mucho tiempo dormida.</p>
<p>&#8211;Mi bolsa de dormir era más grande que ésta pocilga &#8211;dijo Gabs.<br />
&#8211;Podría ser peor &#8211;dijo Jack&#8211;. En el norte las, digamos, habitaciones son simples conejeras. No nos quejamos. Después de todo no pagamos renta y cubren nuestras necesidades de alimento y vestido.<br />
&#8211;Como estar en el frente.<br />
&#8211;Casi. Aquí no hay balas. El peligro siempre está. No puedes tener a tanta gente encerrada sin esperar problemas, pero el hecho de que no pueden entrar ármas de fuego facilita mucho las cosas. La mayor parte de la gente es tranquila, y los criminales se han matado entre ellos. Los militares se han dedicado a mantener el orden siempre que pueden, pero nadie confía en ellos. Somos espías, no policías. Pero nada impide que de vez en cuando patrullemos.</p>
<p>Un grito desgarró el silencio. Jack saltó por la ventana, Angus titubeó pero lo siguió. Gabs se quedó sin moverse. En menos tiempo del que toma parpadear Jack ya había noqueado a los dos hombres que trataban de violar a la mujer, un par de cuadras más allá.<br />
&#8211;¿Qué demonios fue eso?<br />
&#8211;Aprenderás a responder, no te preocupes. Dos menos. Vámonos, antes de que lleguen los militares.</p>
<p>El calor del mediodía era sofocante. Gabs estaba sobre el camastro, Angus en la ventana.<br />
&#8211;Creo que ésto fue un error &#8211;dijo Gabs.<br />
&#8211;Yo no lo creo. Esto es lo que necesitamos para volver a nuestro nivel. Será un buen entrenamiento.<br />
&#8211;Entrenamiento para tí. Yo tengo que volver a aprender todo.<br />
&#8211;Te moviste muy bien en el agua.<br />
&#8211;Debía hacerlo a baja velocidad. ¿Qué esperabas? Es todo lo que puedo hacer bien.  Ni siquiera pude seguirlos.<br />
&#8211;Tendrás que afinar tu cuerpo otra vez.<br />
&#8211;No quiero tener que afinar éste cuerpo.<br />
&#8211;No lo harás por tí solamente.<br />
&#8211;No me gusta la idea.<br />
&#8211;No tienes opción.<br />
&#8211;Tuve una opción y decidí no tomarla. Creo que fue lo correcto. Pero eso no significa que me guste.<br />
&#8211;Ellos te deben tanto como les debes tú.<br />
&#8211;Y por alguna razón, las dos deudas no se cancelan mutuamente.</p>
<p>Continuará.</p>
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		<title>Alcachofa (1-1)</title>
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		<pubDate>Fri, 08 May 2009 00:08:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lord Eggs</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[ciencia ficción]]></category>
		<category><![CDATA[pulpa ficción]]></category>

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		<description><![CDATA[En el centro de la bahía hay una isla.  Es una isla en la cual hay una pequeña ciudad que en su época de esplendor antes de la guerra albergaba diez mil habitantes, y que ahora alberga a más de cien mil en sus ghettos. Frente a ella, en dirección norte, está en naufragio del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el centro de la bahía hay una isla.  Es una isla en la cual hay una pequeña ciudad que en su época de esplendor antes de la guerra albergaba diez mil habitantes, y que ahora alberga a más de cien mil en sus ghettos. Frente a ella, en dirección norte, está en naufragio del más grande acorazado que haya surcado las aguas de la bahía, y por sobre ese acorazado cruza un puente colgante de apenas dos carriles que une Punta Peñasco y la Isla de Victoria. La mayor parte de sus habitantes la llamaban simplemente Alcachofa.</p>
<p><span id="more-29"></span></p>
<p>El puente es la única vía legal de entrar o salir de la isla. Gracias a la guerra, entrar o salir por agua es punto menos que imposible: hay muchas municiones abandonadas y listas para explotar al menor contacto. Todavía de vez en cuando un animal entra a la bahía, buscando un bocado fácil, y vuela en pedacitos al tratar de comerse una mina o una granada. La isle es, legalmente, tierra de nadie. Pero antes de la guerra era parte integrante de la provincia de Mazajijic, y luego fue capturada por la Confederación, por sorpresa. Ese fue el inicio de una conflagración que duró doce años y terminó con un armisticio donde las fronteras quedaron exactamente iguales.</p>
<p>Jack y Bobby caminaban por las callejuelas de la ciudad con rumbo al puente. Al acercarse, la policía militar los miraba sin decirles nada, pero se podía ver en algunos huellas de profundo odio. Jack se acercó a uno de ellos.<br />
&#8211;Voy a pasar.<br />
&#8211;No sin un pasaporte válido.<br />
&#8211;Si sabes lo que te conviene, me dejarás pasar.<br />
&#8211;No sin un pasaporte válido, brachno sarnoso &#8211;dijo el militso, desenfundando su arma.<br />
Jack se movió tan aprisa que el militso no pudo verlo. Pronto el arma de mano estaba en su sien y el rifle en su estómago.<br />
&#8211;Dame un motivo, un sólo motivo para reventarte, y lo haré contigo y tus compañeros. Uno solo.<br />
El militso parecía querer escupirlo, pero no llegó a hacerlo. Bobby llamó su atención.<br />
&#8211;VÁMONOS, Jack.<br />
Estaba enojada de verdad. Jack tiró las armas y retiró al militso de su paso. Le dio la espalda. Cuando el militso recogió sus armas y las apuntó ellos ya habían cruzado la puerta blindada.</p>
<p>Del otro lado de la puerta los esperaba un hombre de traje blanco, de lino, con sombrero de paja.<br />
&#8211;Bienvenidos. Espero que su estancia sea placentera. ¿Algo de beber?<br />
&#8211;Si comemos algo que no podamos obtener en la isla, no nos darán ganas de regresar allá.<br />
&#8211;De eso se trata. Ya no van a regresar allá. Bueno, hoy lo harán, pero deberá usted prepararse para su ascenso. En cuanto su esposa sea dada de alta, a usted lo cambiaremos de comisión.<br />
&#8211;¿Ah, sí? ¿Qué le hace pensar que aceptaré continuar en el ejército?<br />
&#8211;Que va a entrenar usted a los nuevos guardias de seguridad. Vamos a repatriar a todos los extranjeros en Alcachofa y comenzaremos por mover a los militsos a su propia staja. Más que una staja será un domo muy joroschó.<br />
&#8211;Habla usted como los militsos.<br />
&#8211;Es lógico. Son mis compatriotas. Yo me iré con ellos. Sus reemplazos llegarán en un par de días. Y tendrán ustedes treinta días para entrenarlos. Después, ellos se quedan, ustedes se van.<br />
&#8211;¿Y los militsos?<br />
&#8211;Los militsos se irán en 60 días, cuando usted haya terminado de entrenar a sus reemplazos.<br />
&#8211;Usted está muy seguro de que los entrenaré.<br />
&#8211;Sabemos que lo hará. Cada día le duele más a usted moverse. Hoy vimos que detuvo a un prestúpnico dejando caer una lata en lugar de lanzarla. Le podemos prometer que tras entrenar a la primer generación de nuevos militsos lo someteremos al mismo tratamiento que a su esposa. Nadie podrá decir que es usted mayor que ésta sladquino dévochka, mi starrio drugo.<br />
&#8211;¿Y mi hija?<br />
&#8211;Su trabajo es muy importante, pero no imprescindible. Ya tenemos un reemplazo pensado.<br />
&#8211;¿Hay alguien que quiera trabajar en lo que yo hago?  &#8211;dijo Bobby.<br />
&#8211;Lo que usted hace ya no será necesario, pero necesitamos una transición sin sobresaltos.  A usted la necesitaremos en el soviet de la staja. Nadie como usted para conocer lo que no debemos hacer con los militsos. Trabajo de oficina.<br />
&#8211;¿Quién nos reemplazará?<br />
&#8211;A Jack  lo reemplazará un tal Angus McGee. Es casi como una versión suya pero con treinta años menos. A usted la reemplazará Angelica McGee.<br />
&#8211;Por lo menos no tendrá que soportar que le canten &#8220;Me and Bobby McGee&#8221; en sus cumpleaños.<br />
&#8211;Hm &#8211;dijo Jack&#8211;, pero puede que esté harta de que le canten &#8220;Angie Baby&#8221;.</p>
<p>El hombre del traje de lino abrió la puerta y dijo algunas órdenes en el dialecto eslavo que hablaban los militsos. Ellos los dejaron pasar. Cuando Jack y Bobby se internaron en el ghetto, el hombre del traje de lino les regaló algunos cigarros a los militsos.<br />
&#8211;No se preocupen, mis drugos &#8211;dijo&#8211;, pronto nos marcharemos de esta podrida piedra y dejaremos que esos dos se arreglen como puedan.<br />
&#8211;¿Qué lograste?<br />
&#8211;Nuestra propia ciudad.</p>
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